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Marruecos
domingo, 6 septiembre 2026 · 06:46 · Casablanca ·
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Ceuta y Melilla: ¿Por qué no abrir el expediente ahora es la estrategia

La reciente crisis en Ceuta, acompañada de un escalamiento político y mediático en España.

Ceuta
Ceuta y Melilla: ¿Por qué no abrir el expediente ahora es la estrategia más inteligente para Marruecos?

La reciente crisis en Ceuta, acompañada de un escalamiento político y mediático en España, ha vuelto a situar el tema de Ceuta, Melilla y las plazas de soberanía en el centro del debate marroquí.

Voces desde el país alauí exigen una respuesta contundente y la apertura oficial del expediente, especialmente tras los incidentes en los que sectores de la extrema derecha española traspasaron los límites del desacuerdo político para llegar a ofensas directas contra Marruecos y los marroquíes, incluyendo el episodio de la quema de la bandera marroquí por parte de responsables de un partido ultraderechista durante las protestas del 2 de septiembre en España.

Estas manifestaciones, inicialmente dirigidas contra la gestión del Gobierno español de la crisis migratoria en Ceuta, fueron aprovechadas por sectores de la derecha y la extrema derecha para redirigir el descontento hacia Marruecos y los inmigrantes. El enfado marroquí es comprensible, pero la política exterior no puede, ni debe, gestionarse desde la emoción o la reacción impulsiva. En este contexto, Rabat parece haber adoptado una estrategia distinta: no olvida el expediente, no renuncia a sus derechos, pero tampoco ve interés en abrirlo en este momento.

Y esta, según el análisis de expertos, podría ser la decisión más inteligente. Lo llamativo durante la crisis ha sido la contención marroquí. A pesar del ruido generado en España, Rabat no entró en una guerra de declaraciones. Sin embargo, envió dos mensajes distintos, pero complementarios, en un plazo cercano, que merecen ser analizados con atención.

El primer mensaje llegó a través del ministro de Justicia, Abdellatif Ouahbi, figura política con trayectoria partidista, quien recordó los derechos históricos y geográficos de Marruecos sobre Ceuta y Melilla, al tiempo que subrayó la importancia del diálogo y la paciencia. El mensaje era claro: la cuestión de Ceuta y Melilla no es un tema olvidado en la memoria marroquí, y el país no ha renunciado a su postura. El segundo mensaje, más sereno pero posiblemente más contundente, llegó durante un acto ante Su Majestad el Rey Mohamed VI.

Discurso político sobre Ceuta

El ministro de Habous y Asuntos Islámicos, Ahmed Taoufiq, evocó a los sabios de Ceuta, el cadí Ayyad y Al-Ezfi, como figuras históricas vinculadas a la ciudad, y habló de la movilización histórica de los marroquíes para la «liberación de las ciudades ocupadas». El discurso oficial no llegó a calificar a Ceuta como una «ciudad ocupada» en la actualidad, pero tampoco era necesario hacerlo. La fuerza del mensaje residía en su simbolismo. Mientras que la primera declaración era directa y política, la segunda era histórica, simbólica y calculada con precisión.

Madrid tomó ambas en serio, hasta el punto de convocar a la embajadora marroquí para protestar por las palabras de los dos ministros. ¿Hubo una coordinación directa entre ambos mensajes? No hay pruebas que lo confirmen. Pero, ya fuera por una coordinación intencionada o simplemente por una sintonía en la gestión estatal, el resultado es el mismo: la sociedad marroquí recuerda y exige, y el Estado también recuerda, pero controla el momento de actuar. Esta distinción es clave. Marruecos tiene una visión más amplia que la reacción inmediata.

Sabe que, en este momento, no le conviene convertir Ceuta y Melilla en una crisis abierta con España, ni añadir un nuevo conflicto caliente a sus relaciones con Madrid y la Unión Europea. España, por su parte, es consciente de que no puede garantizar la seguridad de sus fronteras meridionales, ni gestionar cuestiones como la migración, el crimen transnacional, el terrorismo o el comercio, sin una cooperación estrecha con Marruecos.

La propia crisis lo ha demostrado: el Ministerio de Asuntos Exteriores español reconoció públicamente el trabajo diplomático conjunto con Marruecos para gestionar la situación en Ceuta y la repatriación de migrantes, subrayando la importancia que Madrid otorga a esta colaboración. Es probable que cualquier futuro gobierno español, incluso si está liderado por la derecha que hoy eleva el tono de su discurso contra Marruecos, termine enfrentándose a la misma ecuación. Los discursos electorales son una cosa, pero los intereses del Estado y la geografía, otra muy distinta.

Ceuta clave estratégica para España

Sin embargo, hay otro elemento en esta ecuación que no siempre recibe la atención que merece: Ceuta y Melilla son, en la actualidad, más estratégicas para España que para Marruecos. Esto no es una exageración retórica marroquí. Documentos de pensamiento estratégico del Ministerio de Defensa español destacan la importancia geopolítica excepcional de ambas ciudades. Se las considera puntos avanzados de España y la Unión Europea en el norte de África, y indicadores clave para vigilar los cambios de seguridad en la región y en la costa.

Ceuta, en particular, proporciona a España una posición estratégica en la orilla sur del Estrecho de Gibraltar, lo que refuerza su capacidad para controlar uno de los pasillos marítimos más importantes del mundo. Para Madrid, por tanto, la cuestión no es solo simbólica. Es una cuestión de seguridad, estrategia, influencia y posición dentro del Mediterráneo y Europa. Marruecos, sin duda, tiene un vínculo histórico, nacional y simbólico profundo con Ceuta, Melilla y las plazas de soberanía. Sin embargo, su necesidad estratégica inmediata de estas ciudades hoy no es de la misma magnitud.

Y aquí la palabra «hoy» es fundamental. En política, el valor de una baza no se determina solo por lo que significa para uno, sino también por lo que representa para la otra parte. Y si la otra parte la considera de extrema importancia, entonces la contención puede convertirse en una fuente de fuerza negociadora. Lo que algunos perciben como «duda» marroquí podría ser, en realidad, una estrategia inteligente. La paciencia y el control del tiempo pueden ser armas poderosas en un tablero geopolítico complejo.

Marruecos parece haber entendido que, en este momento, la moderación no es sinónimo de debilidad, sino de astucia. Mientras España se debate entre el discurso político interno y las necesidades estratégicas, Rabat opta por una vía más discreta, pero no por ello menos efectiva. La pregunta es si esta estrategia podrá mantenerse a largo plazo, o si las presiones internas y externas terminarán por forzar un cambio de rumbo.

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