Maersk prueba velas rotativas en un portacontenedores por primera vez
El gigante danés Maersk dará un paso histórico en 2027 al instalar una vela rotativa de 35 metros de altura en uno de.
El gigante danés Maersk dará un paso histórico en 2027 al instalar una vela rotativa de 35 metros de altura en uno de sus portacontenedores de la clase Lima (8.700 TEU), marcando la primera vez que esta tecnología se prueba en un buque de línea regular. El proyecto, desarrollado en colaboración con la británica Anemoi Marine Technologies, busca validar si el viento puede convertirse en un aliado clave para reducir emisiones en el transporte marítimo de contenedores, un sector que representa alrededor del 3% de las emisiones globales de CO₂.
La vela, de 5 metros de diámetro y 35 de altura, equivalente a un edificio de 11 plantas, se instalará a mediados de 2027 en un buque que operará en rutas comerciales del Atlántico Norte y Sur. A diferencia de los sistemas tradicionales, este dispositivo aprovecha el efecto Magnus: al girar el cilindro vertical, genera una diferencia de presión que impulsa el barco, aliviando la carga del motor principal cuando las condiciones de viento son favorables. Según datos de Anemoi, cada rotor puede ahorrar alrededor de una tonelada de combustible al día y reducir 3 toneladas de CO₂ diarias, cifras que, extrapoladas a una flota, podrían tener un impacto significativo.
Un piloto con miras a escalar: Maersk
Maersk no es ajena a esta tecnología. En 2019, su división de tanques (Maersk Tankers) ya probó con éxito dos velas rotativas de Norsepower en un buque LR2, logrando un ahorro verificado del 8,2% en combustible durante un año, lo que se tradujo en 1.400 toneladas menos de CO₂. Sin embargo, esta será la primera vez que la compañía aplica el sistema en su flota de portacontenedores, un segmento donde la eficiencia energética es crítica por el volumen de mercancías y la intensidad de las operaciones.
Anemoi, especializada en soluciones de propulsión eólica asistida, suele instalar entre tres y cinco rotores por buque en proyectos a gran escala. En este caso, el piloto de Maersk será más modesto: un solo rotor, lo que permite evaluar su rendimiento sin comprometer la operatividad comercial. «Queremos recopilar datos reales en condiciones normales de explotación antes de decidir si la tecnología es viable para el resto de la flota», explicaron fuentes cercanas al proyecto. La elección de la clase Lima, buques construidos entre 2010 y 2012, refleja además el compromiso de Maersk por modernizar su flota existente, no solo apostar por nuevas construcciones.
Contexto: la carrera por la descarbonización
Este proyecto se enmarca en la estrategia de Maersk de reducir sus emisiones netas a cero para 2040, un objetivo que pasa por diversificar las soluciones tecnológicas. La naviera ya ha invertido en 25 buques de doble combustible (metanol y diésel) que entrarán en servicio para 2027, y ha mejorado la eficiencia energética de 380 buques (230 propios y 150 fletados) mediante retrofits. Su Índice de Eficiencia Energética Operacional (EEOI) alcanzó en 2025 un récord de 10,8 gCO₂ por tonelada-milla náutica, pero la compañía reconoce que no hay una única solución.
Las velas rotativas, aunque no son nuevas, Anemoi ya las ha implementado en graneleros y trabaja en diseños para petroleros y metaneros, podrían complementar otras tecnologías como el hidrógeno verde o los combustibles sintéticos, aún en fase de desarrollo. En junio de 2026, la empresa logró la aprobación en principio de DNV para integrar rotores plegables de 35 metros en diseños de buques tanque MR, en colaboración con Hafnia y el astillero Guangzhou Shipyard International.
¿Qué implica para el sector?
El piloto de Maersk podría sentar un precedente. Si los resultados son positivos, otras navieras podrían acelerar la adopción de sistemas eólicos asistidos, especialmente en rutas transatlánticas, donde los vientos son más predecibles. CMA CGM ya dio el paso en 2025 con el Neoliner Origin, un buque ro-ro de vela asistida que opera entre Europa y Baltimore (EE.UU.).
Para los puertos, la llegada de buques con estas tecnologías plantea nuevos retos logísticos, como espacios de atraque adaptados o protocolos de seguridad para el manejo de estructuras tan altas. Sin embargo, el mayor beneficio sería ambiental: según la Organización Marítima Internacional (OMI), el transporte marítimo debe reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero en al menos un 50% para 2050 respecto a 2008. Cada innovación, por pequeña que parezca, cuenta.
Próximos pasos
La instalación del rotor en el buque Lima está prevista para mediados de 2027, y los primeros datos de rendimiento se esperan a finales de ese mismo año. Maersk no ha confirmado si el proyecto se extenderá a más unidades, pero fuentes del sector apuntan a que, de demostrarse su viabilidad, la tecnología podría escalarse en buques de mayor tamaño, donde el impacto en el ahorro de combustible sería aún mayor.
Mientras tanto, Anemoi sigue trabajando en diseños más compactos y plegables para facilitar su integración en buques existentes, una clave para su adopción masiva. Como declaró un portavoz de la empresa: «El viento es gratis, y su potencial en el mar es enorme. Solo falta demostrar que la tecnología puede convivir con las exigencias del comercio global». El tiempo dirá si estas velas del siglo XXI logran lo que sus antepasadas no pudieron: revolucionar el transporte marítimo sin sacrificar la velocidad ni la capacidad. Lo que sí está claro es que, en la carrera por la descarbonización, cada ráfaga cuenta.
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